El pasado domingo, en el quinto tiempo, aún sin victoria, hubo pleno de asistencia. Puede que esto no os llamara la atención, pero allí sentado, mientras intentaba mojar pan en la grasaza del choricito antes de que Álvaro me levantara el plato para llevarlo al sector C, no pude evitar pensar que ese pleno sólo hace dos temporadas nunca se hubiera producido. Había broncas más o menos disimuladas hasta en las victorias y desde luego no celebrábamos cumpleaños alguno. Así que creo que este equipo está listo para el siguiente peldaño, una vuelta más de rosca, para ser un verdadero equipo, que es poner motes. ¿Que es un equipo bien avenido sin motes?
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Primero de todo, lo motes no se buscan, surgen. A veces llevas 20 años viendo a un tipo a diario y un día, de golpe, surge el mote. Y lo clavas. A veces surgen por casualidad. A un gran amigo mío, en nuestro lugar de veraneo, todo el mundo le llamaba "el virrey". Me parecía un mote sublime, grandioso, propio de un tipo que era respetado por todos. Hasta que un día supe de donde surgió. Un día fueron sus amigos a buscarle a su casa para salir de marcha. Su madre, tras besarle tiernamente la frente, le dijo:-pórtate bien mi rey-. Hubo cachondeo generalizado durante toda la noche, mi rey que hora es, mi rey vamos a otro sitio, mi rey déjame conducir a mi. Después de 16 copas ya era virrey. Y lo sigue siendo.

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El otro día estuve viendo mi película de culto, Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. Y cuando apareció Mr. Wolfe con su mítica frase:-estoy a media hora de allí, llegaré en diez minutos- me vino a la mente la imagen de Vicente, cuando aquel día, en el quinto tiempo, pronunció la ya mítica frase a las 12:25: -me tengo que ir, he quedado a las 12:30 en Alcañiz- Ya se que no era esa hora ni el pueblo era ese, pero para el caso es lo mismo. Y todavía le dió tiempo a apurar su caña antes de salir caminando pausadamente. Todos sabíamos además que habría de llegar a su cita a tiempo, Mr. Wolfe, sin duda.
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